
Existen urgencias muy extrañas que a veces me llenan el cuerpo, como si lo poseyeran completamente. Me veo un poco nerviosa pero lista para satisfacer ese deseo, tan importante de un momento a otro. El problema es que conozco el impulso pero no la forma de canalizarlo; experimento el deseo sin saber cómo realizarlo; a veces me pierdo incluso identificando a esa fuerza que se apodera de mí. Las ansias no son siempre claras como el agua, no vienen con un instructivo con explicaciones sobre qué hacer con ellas. Pero son tan potentes, tan presentes, ¡tan inquietantes...!
Mi cuerpo entonces se siente al borde de un precipicio, inundado del deseo de saltar abriendo los brazos; la excitación y los nervios empiezan a agitarme la respiración. ¡Quiero saltar! siento que la piel me tironea y que hay fuerzas invisibles empujándome desde atrás. Y la mente, con un simple mecanismo, una sola orden al sistema nervioso central, podría dar el salto al vacío sin problemas. Excepto que no puede hacerlo porque está en otra parte.

