el cerebro se ramificó en diez mil direcciones y muy pronto olvidó aquella orientación inicial, aquella chispita que señalaba un rumbo y que siguió, sin muchas ganas, sin mucha fe. ¿cuántas ondas se habrán dibujado ahí dentro, habrán sido procesadas y habrán dado como resultado todo esto?
oh, si supieras solamente lo fácil que me llevan tus alas. si sirviera de algo decírtelo o tal vez contarte de las ramificaciones, de los cambios de destino... no, no serviría más que para hundirnos sin remedio en la normalidad.
te prometo que un día voy a crear algo tan grande, tan grande, que te vas a quedar sin palabras. y ése va a ser el único diálogo entre nosotros dos. después de eso podés mostrarme los rascacielos.
