noviembre 12, 2010

euforia

soy voyeur y eso me pone nerviosa. no puedo evitar mirar más allá de lo que me señalan: si me muestran un retrato, mis ojos se fijan en la pared detrás del sujeto, en los objetos con que decora su espacio, en las figuras que se adivinan tras la ventana. mi atención se dispersa con tanta facilidad que hay que tironear de la soga para atraerme de nuevo hacia donde se supone que tengo que estar. pero, ¿por qué esa mesa brilla tanto...? alguien recordará lustrarla, todos los días, a la misma hora...las cortinas tienen marcas de doblado, deben haberlas colocado la semana pasada... todo es tan vibrante: quien sea que decoró esta habitación tiene que disfrutar del sol.
soy voyeur pero no necesito espiar las actividades que la gente censura. puedo serlo a plena luz del día, en el medio de la calle, esperando un colectivo, caminando despacito. todo lo que nadie cree que alguien va a mirar, pues eso estoy viendo. el colmo de mi mal hábito es cuando se me da por recolectar los momentos en los rostros, las expresiones instantáneas, los rictus que se alteran por una sorpresa o que suspiran aliviados cuando llega el bus o que disfrutan la primer bocanada del cigarrillo. es lo peor, porque ahí me pillan siempre.







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