la verdad, se había cansado de rendirse ante las imágenes, esas publicidades empeñadas en mostrar qué ropa, qué auto, qué casa (y en dónde) había que tener para poder comprar ese detergente. Se había hartado de ver a esa estúpida "mamá" de eterna camisa blanca impresa en el paquete y sonriéndole, trepada a su pileta, desde su baño y en su departamento ínfimo, sin perro ni césped ni marido ni niños. Arremetió contra el paquete y lo revoleó por la ventana. Unos grititos se escucharían, escaleras abajo, mientras ella masticaba su rabia; de ahora en más basta de invasiones de imágenes, se dijo, de ahora en más solamente productos genéricos. No más etiquetas en mi casa. abril 28, 2011
tinta, espuma y la forma de las cosas
la verdad, se había cansado de rendirse ante las imágenes, esas publicidades empeñadas en mostrar qué ropa, qué auto, qué casa (y en dónde) había que tener para poder comprar ese detergente. Se había hartado de ver a esa estúpida "mamá" de eterna camisa blanca impresa en el paquete y sonriéndole, trepada a su pileta, desde su baño y en su departamento ínfimo, sin perro ni césped ni marido ni niños. Arremetió contra el paquete y lo revoleó por la ventana. Unos grititos se escucharían, escaleras abajo, mientras ella masticaba su rabia; de ahora en más basta de invasiones de imágenes, se dijo, de ahora en más solamente productos genéricos. No más etiquetas en mi casa.
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