noviembre 10, 2009

destilación

no se puede ser perfecto, corazón.
millones y millones de veces pedí con todas mis ganas, rogué con toda mi fe, lloré con toda la entrega que podía caber en mí,
por aquello que me acercara a la perfección. y no la que yo busco porque de hace tiempo sé que sólo me enamoro de los defectos, las fallas de origen, me enamoro de esos objetos que cuando los sentís con la yema de los dedos sabés que no han sido meticulosamente estudiados al retirarlos del molde.
hablo de esa perfección intensamente perseguida desde de tu mirada, de la de él, de otras miradas. si solamente supieran, vos y todos, cuánto puede cambiar en verdad una chica con tan sólo conocer ese anhelo imposible, impregnándose cada mañana de lo que parece ser el perfume de ese sueño, recreando los gestos y hasta las formas de ese estilo particular, para finalizar juntando las manos sobre el pecho, sellando el ruego de encarnar un día ese ideal.
yo pedía a mi dios pero quizás me confundí y tendría que haber sido más directa, dirigirme a eros o a afrodita, pedirles
que derramen casi sin querer sobre mí la gracia necesaria para encantarte, para acercarte de a poco hasta mí y que después ya no puedas más que sonreír, ya dejes de pensar y preocuparte y te sientas el hombre más dichoso en el mundo,
y que entonces
cuando la alegría resplandeciendo de tu boca y tus ojos lo encandilen todo, y nos volvamos un par de siluetas apenas perceptibles,
sólo entonces me devuelvan a donde pertenezco.



No hay comentarios: