marzo 24, 2010

tocar de oído

Al principio: éramos los únicos en toda la isla que no le tenían miedo al agua. no era que sabíamos nadar: ni siquiera entendíamos bien de qué se trataba eso. pero nuestros días por la arena y por la selva parecían habernos aburrido un poco. y entonces nos la pasábamos chapoteando, jugando, haciendo saltos locos; encontrando cosas en el lecho marino. hasta que la noche nos agarraba cansados, durmiendo en la arena húmeda, con las olas tapando y destapando nuestros pies.

Luego: tanta gente metiéndose me cansaba. mi cansancio lo ponía nervioso. ¿por qué tienen que estar pendientes, así? fue una mezcla de mala suerte y lecciones por aprender. la pedagogía nos atrapó por completo. aprendimos a vivir dentro de una cueva y dominamos de a poco ese arte también. igual ya era tarde. ahora los demás vivían en nuestras mentes, y éramos nosotros los que llenábamos el aire de humo citando sus presencias sutiles y grises.

Finalmente: ¿fueron mis nervios los que se rompieron, o ellos se encargaron de romper todo? yo no sabía que vivir era tener que olvidar. ¿acaso alguna vez llega la escena final? los únicos planes que se llevan a cabo son de a uno. ¿habrá sucedido esto en verdad, o será que todo lo soñé y lo sigo imaginando? la realidad no es más que una stripper pudorosa.




marzo 18, 2010

listo listo

1. él pasaba todos los días por la casa de bombones. a contramano de su aspecto recio y súper racional, se le iban los ojos sin querer sobre la vidriera de dulces. a lo mejor no era tan alejado de su forma de ser ese negocio, las cajitas perfectamente decoradas, cuadradas o hexagonales, y los moños colocados en el rincón exacto.

2. ella ya no quería vivir, o no tenía ganas de vivir, o no se le ocurría cómo vivir. la ciudad y su humedad calurosa enervaban poco a poco hasta su fibra más paciente. empezó a apurar el paso, en realidad intentaba apurar el paso del tiempo. sin darse cuenta, agregaba más gotas de sudor a su espalda y escote.

3. un día entró y compró una caja. la vendedora parecía buscar en su rostro trazos de galán enamorado, por eso se puso nervioso. le llamó la atención una cajita marrón con un moño amarillo. la pagó sin más y se fue a su casa. la apoyó sobre la mesa y se dedicó a contemplarla una hora entera, sin entender nada.

4. caminaba y caminaba y ya le dolían los pies. miraba todas las vidrieras pero nada le gustaba. deshizo su camino un par de veces, haciendo una cuadra y volviendo en dirección contraria, para seguir igual de insatisfecha. la ciudad era aburrida y encima hostil. las alarmas sonaban en cada cuadra.

5. sonó el timbre. su hermana venía a invitarlo a una cena; cumplía años ese día aunque celebraba dos días después. ella era su única familia y él jamás había podido recordar su cumpleaños. la invitó a pasar, sorprendiéndola. le sirvió una copa de vino y puso la cajita en sus manos.

6. llegó a su casa. aunque había estado pensando en darse un buen baño apenas llegara, se desplomó en la cama y durmió una hora entera. despertó aliviada por una imagen. había olvidado que en el viaje a la ciudad, desde la ventanilla del colectivo, un niñito con un casco gigante le dio simpatía, y se miraron sonriendo todo lo que duró el semáforo.




marzo 16, 2010

vanishing point

comer un dulce o tomar otro té o fumar otro cigarrillo. solamente la última de esas opciones traería un poco de cargo de conciencia, pero solamente un poquito.
seguir leyendo y leyendo por no decir divagando no trae ninguna culpa. ya se me hizo vicio; y sí, hace muchos años que soy mi priopia jefa, mi guardían del campo de concentración, mi malvada madre superiora. entonces pienso que me convendría un llamado de atención, un poco de sentido del deber para alejarme de esto. esto que se llama internet y en mi caso lectura compulsiva.
me mareo y me pierdo. algún descubrimiento me hace saltar de alegría, a veces cantar. pero ¡ay! buscar no es tan lindo como encontrar. hurgar y hurgar decepcionándome mil veces (y encima, revisando las decepciones, ¿no estaré siendo muy prejuiciosa...? y así) a veces me cansa. a veces me quita demasiadas energías. muchas muchas. ¿qué buscaba? ¿para qué buscaba? busca busca que te busca hasta que quiero levantarme para ir a la cama, o ver televisión. entonces le digo a mi cuerpo ea! y me levanto y doy dos pasos. ¡pero qué liviana me siento! me digo. ahh... no, claro. ahí me doy cuenta, vuelvo mi vista al sillón y veo mi cuerpo sentado tras la computadora apagada. quieto. sólido. vacío.