marzo 18, 2010

listo listo

1. él pasaba todos los días por la casa de bombones. a contramano de su aspecto recio y súper racional, se le iban los ojos sin querer sobre la vidriera de dulces. a lo mejor no era tan alejado de su forma de ser ese negocio, las cajitas perfectamente decoradas, cuadradas o hexagonales, y los moños colocados en el rincón exacto.

2. ella ya no quería vivir, o no tenía ganas de vivir, o no se le ocurría cómo vivir. la ciudad y su humedad calurosa enervaban poco a poco hasta su fibra más paciente. empezó a apurar el paso, en realidad intentaba apurar el paso del tiempo. sin darse cuenta, agregaba más gotas de sudor a su espalda y escote.

3. un día entró y compró una caja. la vendedora parecía buscar en su rostro trazos de galán enamorado, por eso se puso nervioso. le llamó la atención una cajita marrón con un moño amarillo. la pagó sin más y se fue a su casa. la apoyó sobre la mesa y se dedicó a contemplarla una hora entera, sin entender nada.

4. caminaba y caminaba y ya le dolían los pies. miraba todas las vidrieras pero nada le gustaba. deshizo su camino un par de veces, haciendo una cuadra y volviendo en dirección contraria, para seguir igual de insatisfecha. la ciudad era aburrida y encima hostil. las alarmas sonaban en cada cuadra.

5. sonó el timbre. su hermana venía a invitarlo a una cena; cumplía años ese día aunque celebraba dos días después. ella era su única familia y él jamás había podido recordar su cumpleaños. la invitó a pasar, sorprendiéndola. le sirvió una copa de vino y puso la cajita en sus manos.

6. llegó a su casa. aunque había estado pensando en darse un buen baño apenas llegara, se desplomó en la cama y durmió una hora entera. despertó aliviada por una imagen. había olvidado que en el viaje a la ciudad, desde la ventanilla del colectivo, un niñito con un casco gigante le dio simpatía, y se miraron sonriendo todo lo que duró el semáforo.




No hay comentarios: